Nuevas metas. Nuevas ilusiones. Nuevos deseos en una nueva estación. En una nueva evaluacíon de un nuevo curso. En una nueva etapa de tu vida...
Todas estas cosas a mi me recuerdan a cuando llegaba el primer día de septiembre de mis 6, 7 u 8 años, y me renovaba el material escolar por completo. Como si tal ritual fuese a ser el motivo vital que me encaminase por "el buen camino".
Qué cantidad de felicidad nos aportan cosas que objetivamente son tan triviales.
Qué necesarias son unas botitas nuevas en los pies de una niña que empieza un nuevo curso, en un nuevo colegio, con unos nuevos compañeros (que sólo Dios sabe cómo la tratarán)...
Ésas botitas nuevas hoy pisan el suelo de una chica de ya 24 años.
Ésa sonrisa que transmiten dichas botitas de serraje tostado con forro de pelito entre el resto de zapatos se ha hecho imprescindible.
Ésa necesidad de buenos recuerdos, de inocentes años pasados, de soñadores niños en un patio de colegio jugando a "yo de mayor voy a ser"...
Sin ésas cosas que objetivamente aparentan tan triviales...
hoy no tendría qué mirar que me hiciera sonreir...
y acabaría mirando por mi ventana...
para sólo ver un patio de colegio sin niños, sin inocentes juegos, sin soñadoras ilusiones...
sólo vacío...
y un silencio que sólo rompe la lluvia al caer sobre los charcos que sólo ella forma en un vacío suelo, de un patio cualquiera de colegio.